domingo, septiembre 24, 2006

Que difícil es sorprenderlos

Ayer celebramos el cumpleaños de mi hijo mayor en uno de esos “parques de bolas”. Para los que no tengáis niños os diría que son recintos especialmente preparados para que los niños salten, corran y hagan el tarzán sin peligro. Un espectador más cínico podría compararlos con las ruedas de los hámsteres. La mecánica de estos sitios es simple, una hora de saltos y juegos, y después la merienda, a base de sándwiches, patatitas y helados. A mí lo que realmente me impresionó de ayer es que los niños apenas tocaban la comida, picaban alguna patata, pero poco más. Que diferencia con mis cumpleaños de niño, recuerdo que uno de mis compañeros de mi clase de EGB celebraba su cumple en el bar de sus padres, recuerdo las croquetas y las gambas gabardina. Acabábamos con todo, y llegábamos a casa contando cuanta comida había, y los cumples en el Burger King (en mi caso en el desaparecido Papas Burger)… me imagino que ahora ya nada sorprende, y menos la comida, o los chuches, que en nuestro caso eran un premio y ahora es algo cotidiano. Recuerdo que cuando era tu cumple llevabas a clase caramelos, un kilo de caramelos a granel, una bolsa de sugus, un compañero que su padre era acomodador de un cine llevaba gominolas (en un alarde de sofisticación). Ahora los padres competimos por encontrar la baratija más atractiva del chino del barrio, un plumier, una goma de borrar, un trol... Cada vez parece más complicado sorprender a estos renacuajos.

jueves, septiembre 14, 2006

La anhelada normalidad, nos gusta vivir aterrados

Este verano hemos tenido alerta por sequía, alerta por temperaturas elevadas, ahora abro el periódico y hay cuatro comunidades en alerta también por peligro de tormentas. Tenemos alertas por la operación salida, por la operación retorno, por frío extremo en invierno, por nevadas en las ciudades, alertas por robos en viviendas, por ataques aéreos, o amenazas terroristas…
Leyendo nuestros periódicos o viendo los telediarios parecería que vivimos en un continuo sobresalto, ¿lo vivís así? Yo personalmente no, y creo que en general tanto alarmismo sólo nos produce inmunidad y cierta indiferencia a las verdaderas alarmas.
Quizás en una época que las webs se actualizan cada minuto, con canales de noticias encadenadas las 24 horas de día, necesitan de estas “alarmas” para rellenar tiempos y páginas.
Necesitamos una alerta de normalidad.

martes, septiembre 05, 2006

El Código da Vinci...

He leído muchas opiniones encendidas en internet en relación a la película del Código da Vinci. Después de haber leído el libro y visto la película, no consigo comprender la razón de tan estéril pérdida de tiempo.
En mi opinión el error es buscar en el libro y la película algo más que eso, un bestseller típico de buena factura y su secuela en la pantalla. Lo cierto es que hay algo más que eso, una inteligente campaña comercial que todos estos encendidos críticos se encargan de abonar.
Se toma una acción atractiva, se le añaden elementos que enganchen al lector, y además se rodea al libro de un aura transgresora o pretendidamente irreverente, y encima consigue que grupos de católicos armen un circo mediático contra el texto. Me imagino que los editores se frotarán las manos cada vez que ven a un miembro del Opus, de la Iglesia o algún católico en los medios de comunicación argumentando contra la novela.
En resumen, es un libro, un buen bestseller, altamente adictivo, pero nada más… Débiles cimientos tiene la Iglesia si los pone en peligro un tal Dan Brown con una novela de acción.