Publica hoy el diario El País, una foto en su portada que en mi opinión remarca el absurdo de la polémica creada alrededor de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña.
En la foto, se ve la Monumental del Barcelona prácticamente vacía (a excepción de unos cuantos turistas despistados) días después de aprobarse en el parlamento regional la prohibición.
Digo que resalta el absurdo, porque es claramente absurdo movilizar toda esta maquinaria legislativa para prohibir un uso que, en Cataluña, claramente agoniza. Y también es absurdo que a le gente se le llene la boca hablando de atentado a la libertad, como si las corridas de toros fueran un derecho inalienable, similar al acceso al agua corriente y la educación. Éste es un derecho, que la inmensa mayoría de los catalanes no deseaba ejercer, el del asistir a corridas de toros en el territorio de la comunidad autónoma, por lo tanto su impacto es limitado.
En base a ese limitado impacto, llama la atención que los diputados catalanes corran a evitar en día antes de las vacaciones que unos cuantos toros perezcan en la plaza Monumental de Barcelona, en aras del respeto a los animales. Pero ya alcanza el absurdo cuando son los mismos diputados que en aras a la defensa (de sus votos en Tarragona o de los usos culturales del territorio), defiendan costumbres tan cuestionables como perseguir toros con los cuernos ardiendo por las calles o echarlos al agua desde un puerto.
Ni se ataca a la libertad, ni se protege a los bichos, se hace política de baja calidad con argumentos que todo el mundo entiende, pero que importan poco. ¿Acaso corren los diputados catalanes a aprobar leyes para evitar el despilfarro y el mal uso de los caudales públicos? ¿defienden esos diputados a los toros en los pueblos de Tarragona? ¿van a las plazas esos que se llenan la boca con la defensa de la “fiesta nacional”?...
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